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Antiguo Concepción

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Noticias de la Ciudad de Concepción en el siglo XIX

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El Sur y El Faro del Bío Bío

  • Interior

    23 de enero de 1835

    División de operaciones de la izquierda, campada en la Mula sobre la marjen izquierda del Bio-bio á 6 de enero de 1835.

    Señor jeneral en jefe.

    Después de haberme reunido la noche del 2 del corriente mes en el río de Bureo con el batallon Valdivia, que hasta aquella fecha había permanecido estacionado en la antigua ciudad de [Colgue], me dirijí con una marcha forzada sobre [Puljen], donde llegué al amanecer el día 3, abrazando por todos lados todas las habitaciones y montañas inmediatas del cacique Cayuque ó Cayo contra quien dirijía mis operaciones y á quien pretendía sorprender.

    Pero que difícil es acertar estas disposiciones, cuando se dirijen á la persecución de enemigos tan diestros, tan veloces y tan favorecidos por la localidad del terreno; ni los rastros se encontraron porque el día anterior y toda la noche se ocupó con toda su fuerza en ocultar las haciendas que acababa de robar en Quilaco acompañado del cacique Cheuquecoy.

    Campé á las 10 de la mañana para que comiese la tropa y refrescasen los caballos, y cuando se ejecutaba este descanso se presentaron á la vista 12 indios que acababan de dar la muerte á 2 soldados de cazadores á caballo y uno del batallon Carampangue, que contrariando las órdenes que tambien acababan de espedirse, se salieron del campamento desarmados en busca de unas obejas que tal vez los mismos indios les pusieron como un cebo á propósito para la seguridad de su presa.

    Esta desgracia me fué bastante sensible, pero fué un escarmiento para aquellos soldados que propensos al desorden desempeñan mal sus deberes militares.

    A las 4 de la tarde levanté el campo, y con una formación cual conviene a las tropas á las tropas que transitan en un país enemigo que por todas partes se puede sorprender y trastornar, dirijí mi marcha sobre el recinto de Collico que se hallaba todavía á considerable distancia; pero no bien había vencido una legua, cuando se presenta un corto número de indios con el interes de distraernos, y ver si conseguían que alguna partida nuestra les cargase para caer sobre ella con la fuerza que ocultaban en las ondulaciones del terreno.

    Descubiertas sus intenciones marché siempre sobre el objeto á que se dirijían mis miras, y al llegar á las casas de Chanquecoy, fué necesario hacer una pequeña paralizacion inter tanto el capitan Salbo hacía el reconocimiento de un bosque en que se sospechaba haber hacienda.

    En esta intermision, que era conveniente hasta para el descanso del soldado, los indios salen de una montaña y cargan repentinamente, pero los fuegos de la retaguardia y de algunos tiradores que resguardaban el flanco de la derecha, los hizo retirarse con la misma velocidad que cargaban, y replegarse á una roblería de cuyos espesos troncos se favorecían, y sosteniendo esta posicion, pensaban embarazarme el camino que llevaba.

    Mandé entonces trozos de tropa y algunos tiradores que sostuviesen la marcha, por todas partes donde se avistaban estos bárbaros, é hice poner en movimiento la división y los enemigos defilaron á derecha é izquierda, dejando franco el paso que me sirvió para llegar á Rainaco, pasarlo y campar por toda la noche á sus inmediaciones.

    Al amanecer del 4 se descubrió la campaña, y la división marchó con mayores precauciones.

    Luego se sintieron indios á la retaguardia que nos llamaban la atencion con el sonido de sus cachos, y el caso era que por la vanguardia nos tenían preparado el ataque por donde pensaban sorprendernos, y mas bien fueron ellos sorprendidos.

    Avisado que fuí por el capitan Salbo, (que dirijia las partidas de observación) de la vista de estos feroces enemigos, le mandé que condujese la compañia de granaderos del batallon Valdivia á las órdenes del ayudante Roa, y 60 cazadores de Maipo á las del capitan Ramos, y que con esta fuerza se principiase el ataque, mientras que á continuación marchaba el resto de la tropa, y á un paso mas que lijero: el fuego se rompió vivamente y pronto fué la vuelta de la infanteria enemiga que con lanza en mano habia dirijido su impetuosa carga. Nuestros soldados la siguieron á cuanto podían dar sus esfuerzos, pero aquellos bárbaros desnudos, ajiles por naturaleza y llenos de conocimientos del terreno en todas las direcciones, alcanzáron a refujiarse en una puntilla de monte.

    En este lance noté mucho cuántos eran los esfuerzos del bárbaro Cayuqueo para protejer con su caballeria su infanteria de que se hallaba dividido, y se presentaba en medio de las valas con cierto jenero de libertad y llaneza bien digno de admiracion. Concluida así esta refriega mandé rejistrar el monte de que llevo hablado, penetrándole con muchas partidas, y pudieron pillarse 10 indios vivos y se encontraron 13 muertos.

    Despues que declararon que la guarnicion de Collico existia sitiada por los indios del lugar de este nombre, por los de Canglo, Quelchereguas y por 400 guilliches que mandaba el cacique Marguil, después de haber sabido que la fuerza que acababamos de derrotar era el continjente con que contribuia Cayuqueo, y que debia reunirse ese mismo dia con otro número de guilliches que esperaban para asaltar el recinto, y disputar el paso de mi division, y despues en fin de asegurarme de todas las noticias convenientes al acierto de mis operaciones, mandé pagasen con la vida las muertes y los robos que acaban de hacer, y que la division marchase, lo que se verificó á las 10 de la mañana á un paso mas acelerado, pues conocia cuanto valia en aquellas circunstancias el precio del tiempo.

    El capitan Salbo que siempre llevaba la descubierta, logró pocas horas despues tomar 2 indios y un cacique que sorprendió a los estravios del camino y á quienes se dió tambien la muerte.

    Llegamos á Malleco y á las 2 de la tarde ya habiamos pasado este impetuoso torrente á la vista de los enemigos que se hallaban situados en una eminencia. Inmediatamente concebí la idea de atacarles con muchos trozos que mandé subdividir de la fuerza, para por un golpe simutáneo, abrasarles con fuegos cruzados. Esta operacion fué ejecutada prontamente, pero ningun efecto surtió porque los enemigos acababan de retirarse, y entonces me resolvi á hacer el atravieso de tres leguas que me restaban hasta llegar al fuerte de Collico.

    Para dar seguridad á esta jornada, hice que formase la tropa en una masa fuerte, y que dando frente á todos lados, pudiese resistir las cargas que los enemigos le dirijiesen. Mandé que en esta disposicion se rompiese la marcha, y que nadie disparase un solo fusilazo á menos que para ello se diese orden, y que aunque el enemigo se pusiese lo mas cerca, no se interrumpiese el movimiento ni la dirección de la columna – Mui luego empezaron á brotar de la tierra los indios de á pié que se ocultaban echados entre el pasto, entre los arbustos y entre las pocas desigualdades del terreno – Los de á caballo se aproximaron repentinamente, que se ocultaban también tras de algunos montecillos, y formaron á la division un círculo tan estrecho, que dificulto hubiese mas distancia que 30 toesas, entre una y otra fuerza.

    En esta disposicion marchamos siempre ganando terreno, pues mis intenciones eran arrastrarlos hasta las inmediaciones del fuerte para que este me sirviese de apoyo y saliese su guarnicion, pero no fué posible, porque los enemigos tenian elejido y marcado el punto de ataque – Era este en una abra de 2 montes, en el cual estaba situado el flanco derecho, tenian una fuerza de infantería que empezó á salir subiendo con la mayor lijereza una cuesta derecho mui poco declive, los gritos que nunca cesan de dar se sintieron con mas fuerza y ajitacion, diciendo cargar y matar – El ataque era seguro, mandé alto y frente á todas partes; y como temia que á la retaguardia cargasen con mucha fuerza, debilité la vanguardia, haciendo en el momento desfilar la compañia de granaderos de Valdivia para que la fortificase, y á continuacion de estas disposiciones se rompió el fuego – Los indios infantes arrastrandose por el suelo y andando como cuadrúpedos llegaron con lanza en mano, mui cerca de medirlas con nuestras filas.

    Luego que sintieron el estrago de la fusileria, se retiraron, arrastrando 20 muertos que alcanzaron á ocultar entre unas ramas, y dejaron 25 mas á los pies de nuestros soldados. Puedo asegurar que han llevado mas de 180 heridos, pues se veia claramente los que retiraban en este estado.

    Mientras los indios infantes operaban de este modo, su caballeria situada á distancia de 40 pasos de nuestra columna, permaneció tranquila espectadora de esta escena, probablemente con el fin de cargar sobre la primera ventaja que hubiesen conseguido sus compañeros combatientes – Unos y otros se retiraron despavoridos, y desapareció aquel bullicio atormentador, succediendo á los gritos el mas profundo silencio, y entonces mi division marchó sin dificultad, llegando al recinto á las 6 de la tarde.

    Allí encontré la guarnicion compuesta de 125 valientes del batallon Carampangue, y entre ellos heridos de resultas de un choque que con parte de esta tropa sostuvo el oficial don Vicente Urizar con una considerable partida de indios, de quienes se defendieron con estremado valor logrando matarles 33 – El teniente Arriagada me instruyó de la muerte del capitan Bamondes, natural comandante de la espresada guarnicion, que fué sorprendido por los indios cuando regresaba de un viaje que habia hecho á los Anjeles, y que tanto á este desgraciado oficial como a 2 granaderos que le acompañaban, los habian quemado y echado á volar sus cenizas.

    Amaneció el dia 5 y la tropa despues de haberse entregado al descanso la noche del 4, marchó sin novedad, repasó el Ranaico y alojó hoi 6: á las 8 de la mañana se levantó el campo y se emprendió la marcha hast este punto en que acabo de tomar alojamiento, habiendo dejado la noche anterior al cacique Cayuque en Ranaico, quien con algunos dispersos se ha ocultado entre sus montañas.

    El 2º jefe de la division teniente coronel don Jose Ignacio Garcia, ha manifestado en todas estas operaciones, espíritu, actividad y pericia militar – El sarjento mayor del batallón Valdivia don Miguel Boubi, los oficiales de su cuerpo los de cazadores á caballo y 60 cazadores de Maipo que me acompañaban han llenado dignamente sus obligaciones, notandose en ellos aquella calma y sangre fria que es resultado del valor – El cabo Carrasco de cazadores á caballo y el de igual clase de Maipo Jose Torrejon, siempre entre lanzas de los enemigos, dieron ejemplos de valor.

    Resulta pues de la presente narracion que la division que U. S. se sirvió confiar á mis ordenes, en 4 dias ha vencido todas las dificultades de un camino áspero, cubierto de cuestas y atravesado de rios correntosos; ha repelido en 3 acciones a los enemigos que le han atacado, habiéndoles muerto 71 hombres y herido más de 180, ha levantado el sitio de Collico y favorecido su guarnicion, y ha vuelto rapidamente sobre marjen izquierda del Bio-bio para protejer la frontera – Espero ordenes, y estoy listo para marchar en la direccion que U. S. crea conveniente mandar ejecutar nuevos movimientos – Dios guarde á U. S. – José Antonio Vidaurre.

    Sr. jeneral en jefe don Manuel Bulnes.

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